
Como dueño de tienda, imagina que un proveedor te ofrece colocar un exhibidor con su producto —pueden ser perfumes, ropa, accesorios o incluso vinos— bajo un esquema sencillo: no pagas nada por adelantado, solo liquidarías lo que realmente se venda cuando vuelvan a surtir.
La propuesta suena atractiva, pero conviene analizarla:
Ventajas claras:
- No comprometes tu capital en inventario incierto.
- Pagas únicamente lo que se mueve, protegiendo tu liquidez.
- El exhibidor puede dar prestigio y atraer más clientes.
- Te permite probar si tu clientela realmente compra ese producto sin arriesgar demasiado.
Riesgos y puntos a revisar:
- El espacio físico que ocupa podría restar lugar a productos de mayor rotación.
- Las condiciones del contrato: devoluciones, caducidad, robos o daños.
- El margen de ganancia: ¿qué porcentaje te queda realmente?
- La calidad y afinidad del producto con tu clientela.
- La dependencia del proveedor: surtido, tiempos y cambios de condiciones.
Estrategia recomendada:
- Negociar un contrato claro que defina responsabilidades.
- Hacer una prueba piloto de 3 meses para medir resultados.
- Analizar la rotación: si funciona, lo mantienes; si no, liberas espacio.
En resumen: el esquema de consignación puede ser una oportunidad interesante para diversificar tu tienda, siempre que el acuerdo esté bien definido y no comprometa tu margen ni tu espacio.
👉 Para ayudarte, preparé un modelo de contrato base gratis con cláusulas sugeridas que puedes adaptar a cualquier producto en consignación. Descárgalo aquí gratis y evita sorpresas en tu próxima negociación.